¡Ajá, mi gente! Esto en la política colombiana no es una partida de ajedrez, esto es un dominó en plena esquina de Barranquilla con la música a todo timbal. ¿Quién iba a creerlo? El «pinturita», Daniel Quintero, que ya lo daban por fuera del baile tras su paso por la alcaldía de Medellín, terminó haciendo la jugada del año. Resulta que el Consejo Nacional Electoral (CNE), en una decisión que tiene a más de uno con el ojo cuadrado, le dio vía libre para que se meta de cabeza en la consulta del 8 de marzo.
Mientras tanto, al pobre de Iván Cepeda —que sentía que ya tenía la corona puesta y el camino despejado en el Pacto Histórico— le pegaron su frenón. El CNE le dijo: «Nones, mijo, usted ya participó en una vaina interna y no puede repetir». Así que el Pacto, herido en su orgullo y gritando que esto es una «persecución política», decidió tirar la toalla de la consulta oficial y mandar a Cepeda directo a la primera vuelta. ¡Vaya división tan bacana la que se armó!
El «Frente por la Vida»: ¿Un sancocho de sobras?
Ahora la consulta del 8 de marzo se convirtió en el escenario del «Frente por la Vida», donde Quintero va a medir fuerzas con el «camaleón» mayor, Roy Barreras, y otros personajes como Camilo Romero.
- Quintero el «reseteador»: Dice que viene a «resetear» la política, pero lo que hizo fue resetearle la paciencia a los puristas de la izquierda que no lo bajan de oportunista.
- Roy el estratega: Ese hombre tiene más vidas que un gato y más partidos que un mundial. Está ahí esperando que el río revuelto le dé la ganancia de pescador.
La cosa está color de hormiga. La izquierda, que en 2022 llegó como un solo bloque sólido, hoy parece un espejo roto: cada pedazo refleja una ambición distinta. La gente en la calle, que según el DANE ya tiene bastantes problemas con el costo de la vida y la seguridad, mira este espectáculo con una mezcla de risa y piedra. ¡Se están dando machete entre ellos mismos!
¿Y la unidad? ¡Bien, gracias!
La salida de Cepeda de la consulta deja un vacío que Quintero y Roy quieren llenar a punta de lengua y publicidad. Mientras el Pacto Histórico se atrinchera para defender a su «gallo» herido, los otros se relamen los bigotes pensando que se van a quedar con los votos del progresismo sin tener que pedirle permiso al «dueño del letrero».
Es irónico, ¿no? Prometieron el cambio y lo único que ha cambiado es la cantidad de bandos en los que se dividieron. Al final del día, parece que el ego pesa más que cualquier ideología, y en esta carrera por la Casa de Nariño, el que menos corre, ¡vuela!
