¡Ajá, mi llave! Cójanse duro porque el circo político prendió motores tempranito y los magos ya salieron a la pista creyéndose los dueños del león. Resulta que por ahí andan sacando pecho con unos titulares rimbombantes, dándoselas de adivinos y vaticinando con una seguridad que hasta asusta de dónde va a salir el próximo presidente de Colombia.
Hablan de una «gran consulta» de salvadores de la patria, donde desfilan un poco de candidatos que, hablando a calzón quitao, en las encuestas no marcan ni la temperatura de Bogotá a las seis de la mañana.
Sí, cuadro, estamos hablando de esos honorables doctores que en los sondeos de intención de voto apenas rasguñan un triste 1% o, peor aún, entran en la dolorosa y humillante categoría del «margen de error»: Paloma Valencia, Vicky Dávila, Aníbal Gaviria, David Luna, Enrique Peñalosa, Juan Carlos Pinzón, Juan Daniel Oviedo, Juan Manuel Galán y Mauricio Cárdenas
Tienen más opciones de ganarse el Baloto encontrándose el billete en la calle que de sentarse en la silla presidencial, pero en los debates se reparten ministerios, planean alianzas y prometen el oro y el moro como si ya tuvieran las llaves del Palacio de Nariño en el bolsillo.
Es que hay que tener la cara de concreto, o de verdad vivir en una burbuja muy brava, para salir en televisión a decir «estoy seguro de que el próximo presidente sale de aquí», cuando la realidad es que a muchos de ellos no los reconocen ni en la panadería de su barrio.
Pongámosle números a esta comedia para que vean el tamaño del despropósito: si miramos los datos oficiales de la Registraduría Nacional, el censo electoral en Colombia ronda los 39 millones de personas aptas para votar.
Pues bien, el 1% de esos votantes es una cifra que esta recua de «precandidatos» sudaría petróleo para movilizar un domingo de elecciones. Tienen menos arrastre que un bicitaxi con la cadena reventada subiendo a Monserrate.
Pero ellos arman su película de Hollywood, se sientan en los estudios a echar discursos veintejulieros y planean «estrategias de Estado», cuando la verdadera coalición que deberían armar es con una dosis de ubicatex y sentido común.
Quieren vendernos la idea de una megaconsulta histórica, cuando en la práctica es una reunión de amigos que caben en la sala de un apartamento estrato seis en el norte de Bogotá, y sobra espacio para los pasabocas.
Lo más charro de esta guachafita, compa, es ver cómo se pelean el país de mentiritas. Se tiran pullas por quién tiene la mejor fórmula mágica para arreglar a Colombia, ignorando por completo que allá afuera la gente anda pendiente es de cómo estirar la quincena.
A esos colombianos de a pie, que madrugan a coger buseta o a abrir el chuzo, las peleas de egos de estos doctores del 1% les resbalan por completo. Son el claro ejemplo de la desconexión total de nuestra clase dirigente; políticos de escritorio que creen que la realidad nacional se mide en likes de Twitter o en entrevistas amables de fin de semana.
Mientras tanto, inflan el pecho y se echan flores mutuamente, convencidos, en su delirio matemático, de que sumar a cinco candidatos de a 1% los va a volver una aplanadora electoral invencible. ¡Ni que la política funcionara a punta de sumas imaginarias! Pura politiquería barata que ya no da ni rabia, sino pura lástima.
¿Será que para la próxima semana estos gigantes electorales del margen de error se dan cuenta de que hacer política por Zoom no da votos, o van a seguir ganando la presidencia a punta de saliva y encuestas de papel?

